Este es el vino más personal que tenemos.
Lleva este nombre porque, durante años, Gabi convivió con una arritmia que nadie sabía explicar… y que un día desapareció. Y porque Oriol, cuando baila, no tiene ritmo ninguno.
Es un vino que no sigue normas, pero tiene mucho carácter. Y nos gusta así: auténtico, diferente y fiel a lo que es.